SEÑAL/12022024
golden-nostalgia-2024
Ayer tenía pensado publicar la primera entrada de este diario de juego, pero mis tres sobrinas (y especialmente los terrores nocturnos del más pequeño, que me despertaron entre 13 y 37 veces) se cruzaron en mi camino el sábado por la noche. No es que me sienta mal por no poder escribir o jugar: la verdad es que no escribiría ni jugaría nunca más a cambio de tenerlos en casa más a menudo. Pero hoy toca recuperar la señal con la que estuve conectando durante la semana.
steamdeck/golfclubnostalgia-oblivion
Esta semana he estado nostálgico. Empecé comprando Golf Club Nostalgia y Oblivion en las rebajas de Steam (al ridículo precio de 1 o 2 euros cada uno) para jugarlos en Steam Deck.
El juego de Demagog Studio (del que habían hablado varias veces Juan Salas y Víctor Martines en el podcast Reload) me sorprendió gratamente durante los primeros niveles: una mezcla entre juego de minigolf y radio verité en la que habitantes del futuro cuentan (y cantan) sus penas tras un momento histórico (y trágico) para humanidad es algo que no se me habría pasado por la cabeza si me tocase participar en una lluvia de ideas para hacer un videojuego. Y, sin embargo, funciona. Precisamente por lo bien llevado de esa aparente discordancia, que permite que el buen funcionamiento a nivel jugable del golf, con un gamefeel suave pero con cierto reto si quieres reducir tu número de golpes, y lo profundo de las declaraciones y la música que escuchamos por la radio, que vienen de procedencias y contextos distintos pero coinciden en un tono melancólico, sucedan en dos planos de percepción distintos y a la vez se vayan cruzando a medida que pasas tiempo en sus niveles para terminar por comprenderlos como un todo. Sí es cierto que una vez captado ese juego con la connotación de cada uno de los elementos, no encontré mucho más en Golf Club Nostalgia. No digo que no sea suficiente, pero puede (como sucede tan a menudo) que no estuviese en el mood ideal para valorarlo.
Sobre The Elder Scrolls IV: Oblivion qué podría decir: el juego fallido más bello que se ha hecho y, para mí, lo mejor que ha desarrollado Bethesda. Hay en él una ambición por ser el futuro de los videojuegos y al mismo tiempo se mantiene con un pie y medio en un pasado muy determinado. A día de hoy es fácil ver sus aristas más allá de las obvias limitaciones técnicas, a nivel narrativo y de mundo, sobre todo. Pero cuando el juego se publicó en 2006 y pude jugarlo en la Xbox 360 de mi tío, sentí una magia difícil de explicar. Recuerdo escapar de la celda y salir al mundo seducido por cada detalle; recuerdo tomar un caballo y echar a correr por esos montes que ahora resultan tan vacíos, ignorando misiones y todo tipo de contenido, en pos de conocer su mundo con libertad; recuerdo recoger items hasta no poder caminar y caer rendido a manos de cualquier enemigo, buscando torpemente la manera de aligerar equipaje. No recuerdo atravesar un umbral y sentirme tan fascinado y atrapado en otro mundo desde, supongo, que mi madre me recomendó leer La historia interminable. No sé cuánto hay de nostalgia en mi mirada tantos años después (y cuánto de aprecio familiar), pero creo que esas dos obras han configurado gran parte de mis gustos posteriores.
El regreso en steam deck no podía ir mal: un baño de melancolía, ahora en portátil. Pasé como dos horas configurando los controles porque la versión de ordenador de este juego no era precisamente amigable con los controles por mando, pero es uno de esos esfuerzos que se hacen con gusto. Porque observar el rostro confuso, en el que la luz y la sombra libran una guerra ridícula, del NPC de turno mientras intentas convencerle para que te compre un trapo por un 10% más de su valor inicial justo después de aceptarle una quest que probablemente nunca cumplirás se siente realmente reconfortante si puedes hacerlo desde el sofá mientras ves y comentas en compañía el último pase de micros de OT. Y a veces no hace falta más que eso: la comodidad de sentirte en casa (aunque tu casa esté glitcheada: del valor del error en este cuarto The Elder Scrolls habló Clara Doña en un artículo increíble en Terebi).
gamepass/halocombatevolved
Y sigo, no sé si a mi pesar, con la nostalgia, porque un buen amigo me escribió hace unos días para explicarme que estaba en un momento familiar complicado y necesitaba distraerse. Obviamente hicimos lo que cualquier psicólogo habría recomendado: descargar el primer Halo y terminarlo en un par de días.
No sé si puedo aportar demasiado sobre esta experiencia, pero:
Jugad en cooperativo con vuestres amigues siempre que sea posible, porque creo que es una de esas maneras en las que jugar cobra un sentido especial, al menos para mí. (Fun fact: recuerdo que el segundo artículo que escribí sobre videojuegos, no sé cuántos años habrán pasado ya, se publicó en Equilateral (<3) y hablaba sobre el juego en cooperativo y cómo había sido clave en mi relación con el medio).
Jugad a Halo: Combat Evolved. Es impresionante como un juego de 2001 sigue siendo refrescante y cómo resulta tan fácil seguir viendo el salto que supuso en su momento.
Desactivad el remake. Se puede hacer pulsando un botón. El remake, la Anniversary Edition, destroza la estética (no hablo solo de diseño visual) del original: elimina los vacíos, la oscuridad, el brutalismo del universo de Halo y lo transforma en escenarios ultradetallados de freetoplay que parecen no comprender qué hacía especial al juego que está rehaciendo. Eso sí: la posibilidad de cambiar de versión al instante con un botón me parece magia negra y ayuda a comprender qué hacen mal los cambios. (Otro fun fact: escribí un artículo sobre este tema, podéis leerlo aunque -porqué no decirlo- no creo que aporte mucho más que lo dicho en este parrafito.)
itchio/birdofpassage-miyoomini+/goldensun-godot-renpy
Poco más.
Rejugué Bird of Passage con la idea de escribir algo sobre el colectivo SpaceBackyard, pero las notas que tenía no terminaron de cuajar.
Voy jugando a ratitos a Golden Sun (otra vez, ¿la nostalgia?) en Miyoo Mini +, una consolita emuladora que compré hace un par de meses y que os recomiendo si os gusta volver a consolas antiguas pero no podéis permitiros pagar precios imposibles por Wallpop o eBay (lo de siempre: la piratería hace más por la conservación que cualquier gran compañía, así que… emulad). El juego me está pareciendo super dulce e inocente y creo que a veces merece la pena huir del cinismo y abrazar la ingenuidad de este tipo de JRPGs.
He comenzado un curso de Godot Engine y solo puedo felicitar y apreciar a la gente que hace videojuegos porque hay que ser muy inteligente, muy constante y muy creativo para comprender el funcionamiento de estos artefactos.
Y sigo escribiendo mi Renpy sobre la soledad y las historias que nos contamos sobre ella. Aunque avanzo despacio y, sinceramente, no sé si lo terminaré. Pero me ha servido para aprender cómo funciona este motor de novela visual.




